Blog de sastre

agosto 29, 2006

La noche de las fregonas (tragedia ruínica en tres actos)

Filed under: Uncategorized — Lope @ 8:52 am

Primer acto:

A las 4,15 me despierta la luz del pasillo, ruido de grifos (o eso me parecía). Llamo a voces a mi hermano a ver que le pasa. No me responde. Me levanto y noto como un escalofrío recorre mi pierna. “Coño, ¿me he meado?” No, es que el suelo está encharcado. Voy a la cocina y me encuentro a mi hermano en la bodega del Poseidón.

Encontramos la via de agua en el manguito del fregadero. Temo por la encimera en la que me he montado pero resiste mis flamantes 88 kilos. Cierro la llave de paso.

Segundo acto:

Discutimos sobre los métodos de trabajo. Yo soy más tradicional y opto por la fregona, que entre otras cosas es más española. Mi hermano rebate mi opción y me insiste en la conveniencia de usar toallas. Dudo. El chaval estudia ambientales y le creo más puesto en estos temas, pero no encuentro relación entre su opción y la regeneración del agujero de la capa de ozono, y me agarro con más fuerza al palo de la fregona. Empezamos la tarea, el agua arrastra un sinfín de pelusas, mi madre estará contenta cuando vea el suelo reluciente (pienso, buscando desesperadamente una motivación).

Comprobamos que el agua sale por la puerta, llega al descansillo, y se introduce bajo la puerta del vecino. Me armo de valor, y de la fregona, y llamo al timbre. Tras unos segundos que intuyo de desconcierto y maldiciones varias me abre el susodicho, con un calzoncillo estampado. Me pregunta qué pasa. Pobre, no se ha dado cuenta de que ha llegado a la puerta chapoteando. Cuando el sujeto logra ubicar la acción pasamos y le ayudamos a recoger el agua de la entrada y parte del salón, no es mucho.

Las 6. Los calores agostiles hacen su efecto y parece que está todo casi seco. Decidimos acostarnos. A las 6,15 me vuelvo a levantar, me arden las manos (¿no hay fregonas anatómicas?) y me voy a ver el baloncesto a la sexta. Vaya, aún no ha empezado, en su lugar Eva Arguiñano enseña a limpiar anchoas a una maruja. Anchoas, me recuerda el drama acuático que acabo de pasar y apago la tele. Me pongo a leer para amenizar la espera hasta las 7 (sacrosanta hora de la ducha).

Tercer acto:

7.30: A mi padre le ha llamado al movil el del bar de abajo porque no tiene luz y me llama airado desde el campo, dice algo de llamar a los bomberos. Joder pues haber empezado por ahí, y no me hubiera levantado a las 4 y pico. Bajo al bar a ver la catástrofe. Examino los daños junto al preocupado hostelero, evalúo la situación y le doy al automático, situación resuelta. Parece que en la escuela de hostelería no dan la asignatura de “sentido común”. El techo de escayola tiene dos manchas grandes, eso sí. A una de ellas le veo parecido con el Cobi (mascota de Barcelona 92) pero no creo que sea el momento oportuno para compartir ese pensamiento. Le digo que mi padre dará parte al seguro y que no se preocupe.

Con las manos al rojo y los párpados cayéndoseme del sueño llego al trabajo. Son las 8,25. Cuento la experiencia para justificar el retraso y me da la sensación de que nadie me cree…

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